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13 DE OCTUBRE: SE CONMEMORAN DOS AÑOS DEL ASESINATO DE DOS NIÑOS DE LA BOCA

JUSTICIA POR PITU Y POLA
CONTINÚAN LAS POLÍTICAS DE ABANDONO DEL GOBIERNO CIUDADANO
Escuchá aquí fragmentos de la entrevista realizada en ROMPÉ EL CERCO INFORMATIVO (lunes a viernes 18 hs) a JORGE HERRERA, padre de los niños que murieron en el incendio intencional en el año 2013.
JORGE HERRERA, PADRE DE PITU Y POLA

Al conmemorarse dos años de este criminal hecho entrevistamos, en ROMPÉ EL CERCO INFORMATIVO, a Jorge Herrera, padre de Pitu y Pola que nos contó que la causa se halla paralizada y ellos, sus familiares, en la misma situación que los dejó el incendio intencional de su mal llamada vivienda. Mientras el lugar, un conventillo histórico se halla en peligro de derrumbe, sin el vallado necesario que pone en riesgo a los vecinos. 
Herrera,  en homenaje a sus hijos,  está trabajando en el proyecto de un centro cultural que rescate la cultura popular.
Mientras el Gobierno de la Ciudad favorece los negocios de la especulación inmobiliaria. Sus vecinos, docentes y amigos acompañan a la familia en estos difíciles momentos, exigiendo justicia por estos asesinatos.

[2013-10-24]Otra vez la táctica del desalojo salvaje. Otra vez sin palos, sin balas de goma, sin gendarmes ni federales. Con fuego. Sólo con fuego. Que no quede nada para ocupar. Ni un techito de chapa para meterse debajo. Ni la sombra del conventillo que arde a cinco cuadras de Caminito.
A las siete de la mañana del domingo 13 de octubre de 2013 todavía era la madrugada. Pitu y Pola dormían cuando el fuego empezó a alzarse feroz, Tenían 10 y 12 años, Héctor y Víctor vivían con sus hermanos y sus padres en un conventillo de calle Melo. 

A fuego y sangre. Donde se vive y se muere con la misma indolencia. Donde los especuladores inmobiliarios hacen incendiar los conventillos para quedarse con un terreno vacío. Donde las familias en brutal desnudez deben ir a buscar un techo a la pieza hacinada que le cobran como un palacio debajo de la autopista. Convencidos desde el vamos que en pocas horas caerá la metropolitana y habrá que echarse a la espalda la historia y volver otra vez a la calle.
El domingo murieron el Pitu y el Pola. Once familias acamparon en la calle porque de la ceniza nada resurge. Y el gobierno porteño les ofrece un subsidio famélico con la condición de que se vayan. Ya tenían la promesa del desalojo en dos meses. El fuego fue la herramienta más eficaz: no dejó nada. Pero ellos sueñan con volver a alzar sus chapas en el mismo lugar.
El domingo cuando el sol empezaba a asomar entre la neblina del río, las columnas de humo dibujaban en el cielo el aliento fatal del infierno. No pocos vieron “a un tipo que tiró una molotov”. El fuego no fue azar. A la intención la ayudó generosamente la madera, las instalaciones eléctricas destruidas, la indefensión generalizada. El lunes hubo un segundo incendio. Mientras la policía irrumpía como un relámpago buscando drogas a media cuadra.
Claro, el sábado pasado habían protestado contra los desalojos. Treinta familias a punto de ser expulsadas. 5.500 en riesgo por vivir en casillas sin servicios mínimos. Sólo en La Boca 5.500 familias viven la zozobra de la inseguridad. No tienen vivienda ni posibilidad más o menos cierta de acceder a un techo medianamente digno. 5.500 familias son cerca de 28.000 personas sosteniéndose apenas al borde del abismo. En los últimos cuatro años doce niños murieron bajo el fuego.
Fragmento del 20-10-2013 por Domingo Schiavoni – Diario Panorama

PRODUCCIÓN RIACHUELO

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