MEXICO: LA DISPUTA TERRITORIAL EN CHIAPAS

LA LUCHA CAPITALISTA CONTRA EL TERRITORIO INDIGENA
Represión y despojo de tierras en Chiapas

En México se conoce como ejido a las propiedades rurales de uso colectivo y los ejidatarios los propietarios comunales. 
Las tierras comunales  de San Sebastián Bachajón (Chilón, zona norte de Chiapas) son escenario en estos días de una lucha contra el despojo. Por un lado, ejidatarios (propietarios comunales de tierras) adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Por otro, el gobernador Manuel Velasco (Partido Verde) y la policía estatal y federal. 

En la madrugada del viernes 9 de enero, más de 600 efectivos policiales entraban a la fuerza y desalojaban la toma que mantenían los propietarios comunales de Bachajón desde el día 21 de diciembre. Ese día, coincidiendo con la apertura del Festival Mundial de las Resistencias, los ejidatarios tomaron el control del territorio que antecede a la caseta de peaje para la entrada del balneario, que les había sido arrebatado por la fuerza policial en 2011. El último episodio nos sitúa en el domingo 11 de enero, cuando, como respuesta, los ejidatarios volvieron a las tierras, bloqueando el paso de vehículos y la policía respondió con disparos de balas de goma y munición real. El último recuento es de dos ejidatarios heridos.

Un espejo del despojo

La lucha del capitalismo actual en México es contra el territorio de las comunidades indígenas, uno de los pocos espacios aún preservado de la lógica neoliberal, con economías de subsistencia y modos de vida ligados al conocimiento del entorno.

Las propuesta de la presidencia y los gobiernos estatales y municipales son: la reforma energética, infraestructuras que vulneran territorios históricos y tierras de propiedad comunal; así como proyectos extractivos vinculados a megaempresas extranjeras (entre ellas, la mina de oro más grande de Latinoamérica, a escasos kilómetros del lugar de la reciente matanza de estudiantes en Ayotzinapa). El pasado 9 de agosto se encontraban en La Realidad casi una treintena de pueblos indígenas mexicanos para compartir las luchas por la tierra en cada uno de sus lugares. En el Caracol 1 del EZLN, territorio de la Selva Lacandona, se oyó la voz de la lucha contra los proyectos ecoturísticos de la zona de Palenque, que incluyó el relato de los adherentes a la Sexta de Bachajón. Tras los últimos episodios, el Congreso Nacional Indígena (CNI), que aquella vez convocó la reunión, ahora muestra su solidaridad en un comunicado en el que concluyen: “De una vez les decimos que no vamos a parar en nuestra lucha por la vida”.

Esas siete hectáreas habían sido despojadas contra la voluntad de los propietarios comunales de Bachajón en 2011, y se construyó un peaje del gobierno vinculado con el municipio vecino y el ejido de Agua Azul. Este municipio indígena es, según el periódicoLa Jornada, “uno de los más prósperos del país, y se caracteriza por su oficialismo”. El proyecto del gobierno federal es generar una “Reserva Especial de la Biosfera” ligada a un megaproyecto de construcción de una autopista privada, y varias instalaciones hoteleras. En su formulación, denuncian los ejidatarios y colectivos de derechos humanos, el Gobierno alteró las coordenadas del mapa para ampliar el terreno, despojando del territorio a los ejidatarios de Bachajón bajo la asesoría de Norton Consulting con el proyecto turístico “salvajamente neoliberal” de Mundo Maya (una especie de gran complejo turístico similar a los de Cancún y Los Cabos, Baja California).

La lucha que siguió cuenta con la persecución primero hacia “los que dirigen la lucha”. Siguen sin esclarecerse dos asesinatos: el de Juan Vázquez Guzmán, en 2012, y el de Juan Carlos Gómez Silvano, y la situación de varios presos políticos en cárceles del Estado de Chiapas. Una de las ejidatarias presentes en la ocupación del territorio recuperado comentaba justo antes del desalojo del viernes: “Es necesario que todos estemos aquí, porque éstas son las tierras de todos, de los que son ahora nuestros papás y los que en un futuro nos vamos a quedar». La lucha por la tierra es una forma de vida que no puede dejar de ser también una forma de lucha. Son como espejos que nos hacen ver cual es la verdadera cara de los gobiernos y empresas, que conjuntamente agrandan las heridas de la tierra en México.
Fuente: Anred, Producción Riachuelo

 

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