CIUDAD DE BUENOS AIRES: LA FALTA DE POLÍTICAS DE URBANIZACIÓN PARA LOS SECTORES MÁS NECESITADOS

SER NIÑO EN LA VILLA Y MORIR EN EL INTENTO
La política del Gobierno porteño sólo se remite a favorecer las inversiones privadas y a los sectores de alta renta

En marzo, Gastón, de 13 años cayó a un pozo ciego por salvar a su gato. Murió asfixiado. En agosto de 2013, María, de 5, murió quemada en el incendio de su casa. Vivían en el porteño Barrio Rodrigo Bueno, donde las ambulancias tardan 40 minutos en llegar.

[Gabriela Michetti en Pagina 12 de hoy]
Test porteño
¿Lo mejor de la gestión de Macri?
–Aunque no se note todavía en forma contundente, el proceso de urbanización de villas y la educación.
–¿Y lo peor?
–Que hayamos discontinuado la política de seguridad vial. Tuvimos una política muy buena y, de golpe, la discontinuamos. No sé por qué. Una pena.
–¿Su rincón preferido en la Ciudad?
–El barrio Los Perales, con edificios de tres pisos, con mucho verde en el medio.

–¿Su ciudad favorita en el mundo?
–Roma. Tengo bisabuelos italianos. Tengo toda sangre italiana. Me pega mal Roma.

Las afirmaciones de la candidata que no pueden ser contrastadas con la realidad. A continuación  presentamos este artículo:

[Laila Robledo. Urbanista en Miradas al Sur, 05/04/15]
Las preguntas son: ¿se acuerda alguien de que hace unas semanas murió Gastón? ¿Recuerda alguien por qué murió María? Eran sólo niños. Murieron por vivir en un barrio de la Ciudad De Buenos Aires al que se niegan a urbanizar, y además, por ser niños. Gastón quiso salvar a un gato y cayó a un pozo ciego; a María se le incendió su casa, tenía cinco años, no pudo salvarse. En ambos casos, las ambulancias no llegaron a tiempo. ¿Cómo llegar cuando ni siquiera hay calles?
Gastón vivía en el Barrio Rodrigo Bueno, lindero a Puerto Madero. Intentó hacer algo que quizás un adulto no hubiera hecho. Precisamente, los niños hacen “cosas de niños”: quiso sacar a un animal de un pozo y murió ahogado. Muy distinta hubiese sido la historia si al volver del colegio hubiera podido caminar por una vereda, pasar por una plaza, no tener que esquivar la basura, las zanjas, la mierda. ¿Acaso pueden ser estos los “mojones, hitos, y sendas” de los que tanto hablamos los urbanistas para estudiar la imagen mental de la ciudad? ¿Cuál es entonces esa imagen para un niño que está obligado a vivir dichas condiciones?
Dice Eduardo Galeano: “Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana (…) El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura (…) Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”.
Para Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete porteño y precandidato a gobernar la ciudad, resulta un “disparate” urbanizar al Barrio Rodrigo Bueno, tal como lo había ordenado la Justicia. La excusa: “Se encuentra en la Reserva Ecológica”. La verdad: la gente habita esas tierras desde hace más de 20 años, mucho antes de que existiera la reserva y de que se desarrollara Puerto Madero. La solución: crear un muro de tierra y escombros para aislar a la población, para evadir el problema, para no arruinar la vista que se tiene desde las torres de oficinas. En fin, soluciones de maquillaje, incumplimiento de las leyes de urbanización, violación al Derecho Internacional a una vivienda digna, violación a los Derechos del Niño, desalojos forzosos.
Idas y vueltas, pero ninguna acción concreta para resolver el déficit habitacional. En 2014, el Gobierno porteño apeló el fallo de 2011 en el que la jueza Elena Liberatori había decretado la incorporación del asentamiento al Programa de Radicación e Integración de Villas, y había ordenado que, hasta tanto se efectivizase su integración sociourbana, debía proveerse a sus habitantes de servicios básicos, debía abstenerse de desalojarlos, y debía informar acerca del grado de contaminación en el lugar. Los jueces Fernando Juan Lima y Esteban Centanaro revocaron la sentencia y rechazaron el reclamo de los vecinos.
No es casual este retroceso judicial, ni es casual el incumplimiento sistemático de la Ley Nº 148/2000 de urbanización de villas por parte del gobierno porteño. El interés, y el fin último, es favorecer las operaciones inmobiliarias a partir de la implementación de políticas cortoplacistas, sectoriales, y elitistas. Obviamente, un modelo de ciudad que parte desde esa visión, condiciona desde el vamos, toda política urbana inclusiva.
Los niños no se encuentran en la agenda urbana, están invisibilizados, vulnerados, inseguros. He aquí la verdadera inseguridad: no saber si mañana te vas a morir electrocutado cuando salgas a jugar, si te van a desalojar, si te vas a inundar, si te vas a congelar hasta los huesos cuando llegue el invierno y la humedad. Pensar en eso, y más aún, cuando te pasa eso, no te queda espacio para ser un niño.
A pesar del progresivo empeoramiento de las condiciones de vida, y de la emergencia habitacional en la que se encuentran inmersos los sectores vulnerados, la política del Gobierno porteño sólo se remite a favorecer las inversiones privadas y a los sectores de alta renta.
Esta política se encuentra asociada a la llamada “renovación y revitalización urbana”, sin contemplar los riesgos de gentrificación. La lógica es perversa, a veces sutil, como la creación del Distrito Tecnológico, que más bien es un espacio destinado a empresas exentas del pago de impuestos, y a veces explícita, como el desalojo del Barrio Papa Francisco, o la represión a los pacientes del Neuropsiquiátrico Borda. La idea de fondo es “mostrar un terreno limpio” para las inversiones, para el traslado de las dependencias del Gobierno de la Ciudad, y para la creación de la villa olímpica de los Juegos de la Juventud 2018. La existencia de sectores populares en la zona no coadyuva a la valorización inmobiliaria a la que se aspira.
Por eso, la muerte de Gastón no les mueve un pelo. No existe voluntad política ni sensibilidad alguna. Y por eso, el reclamo sigue en pie. El CELS acompañado por 27 organizaciones sociales, llevó el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Se trata de un paso más, así como lo fue la instalación de la Carpa Villera en el Obelisco, para que la cuestión deje de estar invisibilizada.
Es cierto que, para dimensionar la problemática, podría haber mencionad
o que el barrio cuenta con cuatro manzanas, que su población pasó de 356 personas (en 2001) y 1795 (en 2010) a 3600 en la actualidad; podría haber citado los estudios que demuestran la cantidad de niños con plomo en sangre, los estudios del CELS sobre la “infantilización del déficit habitacional”, la última encuesta de Unicef y Techo sobre “la voz de los niños y adolescentes” que viven en las villas. Debería ser suficiente una vida. Gastón no tuvo oportunidad, ni suerte, de ser un niño que crezca.

FUENTE: PAGINA 12, MIRADAS AL SUR, PRODUCCIÓN RIACHUELO

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