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CONFEDERACION DE TRABAJADORES DE LA ECONOMÍA POPULAR EN LA OIT

LOS TRABAJADORES DE LA ECONOMÍA POPULAR DISCUTEN POLITICAS DE TRABAJO
Una cartonera en Ginebra

Paola Caviedes viajó desde Villa Fiorito hasta Ginebra con una escala en Ezeiza. Se puso sus mejores galas –su uniforme cartonero– y, a cara de perro, negoció de igual a igual con empresarios y sindicalistas del mundo un instrumento de derecho público internacional. Fue durante la 104° Conferencia Internacional del Trabajo. Los suizos la vieron pasearse por la costa del Lago Lemán, junto a vendedoras ambulantes, transportistas, artesanas y cartoneras de India, Nicaragua, Malasia, Bulgaria, Colombia, Filipinas y Tailandia, 14 mujeres seleccionadas por un organismo consultivo de la Organización Internacionl de Trabajo (OIT para concurrir al evento en representación de los trabajadores informales).

Paola integra el Consejo de la Cooperativa Amanecer de los Cartoneros y coordina su jardín maternal donde todas las noches, de 18 a 23h, asisten más de 200 niños mientras sus padres laburan. Esta guardería fue una conquista de la lucha contra el trabajo infantil que llevó adelante su organización social, el Movimiento de Trabajadores Excluidos, siempre desde una perspectiva de construcción popular y nunca desde la estigmatización o denuncismo. Paola lleva con orgullo su carnet de afiliada a su sindicato, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, y en su paso por los Alpes, defendió a capa y espada el derecho de los trabajadores excluidos a sindicalizarse, acceder a la seguridad social y tener un piso de derechos.

A diferencia de los empresarios y no pocos sindicalistas “formales”, Pao no se pudo traer ni un reloj cucú ni una navaja Victorinox ni unos chocolates típicos. Pero nos trajo unas cuantas reivindicaciones. Es que la “recomendación” que aprobó este organismo de las Naciones Unidas recoge gran parte del programa reivindicativo que presentamos desde la CTEP y una veintena de organizaciones latinoamericanas: el Manifiesto de Buenos Aires elaborado durante el Taller Internacional de Economía Popular que coorganizamos con Wiego en marzo de 2014 (http://ctepargentina.org.ar/manifiesto-de-buenos-aires/)



Entre otras cosas, en su acápite 31, el Tratado dice que: “Los Miembros deberían garantizar que las personas ocupadas en la economía informal disfruten de la libertad de asociación y la libertad sindical y ejerzan el derecho de negociación colectiva, incluido el derecho de constituir las organizaciones, federaciones y confederaciones que estimen convenientes y de afiliarse a las mismas sujeto a lo dispuesto en sus estatutos”.

Con eso sólo, el objetivo estaba más que cumplido pero el instrumento establece también que:

“Los Miembros deberían extender progresivamente la cobertura del seguro social a las personas ocupadas en la economía informal” (traducido: garantizar el monotributo social o alguna política similar para todos nuestros compañeros).

“Los Miembros deberían alentar la prestación de servicios de guardería” como venimos reclamando, replicar el modelo de la Cooperativa Amanecer para erradicar el trabajo infantil.

“La promoción de estrategias de desarrollo local en los medios rural y urbano, incluyendo el acceso regulado a la utilización de los espacios públicos y el acceso regulado a los recursos naturales públicos con fines de subsistencia”, terminar con la persecución que se ejerce en algunos distritos como la Ciudad de Buenos Aires y Rosario contra los manteros, artesanos y otros trabajadores de la vía pública o la represión contra los cazadores, pescadores y recolectores de subsistencia que vemos tan frecuentemente en la Patagonia.

“El establecimiento de pisos de protección social, cuando no existan, y la extensión de la cobertura de la seguridad social” (garantizar un salario social mínimo y un piso de derechos sociales para nuestros compañeros).

“Al elaborar, aplicar y evaluar las políticas y programas pertinentes con respecto a la economía informal, incluida su formalización, los Miembros deberían celebrar consultas con las organizaciones” (los compañeros deben ser consultados para el diseño e implementación de los programas sociales que los competan).

“Adoptar medidas inmediatas para subsanar las condiciones de trabajo inseguras e insalubres que a menudo caracterizan el trabajo en la economía informal” (como venimos reclamando, de manera urgente, garantizar condiciones de seguridad básica con la provisión de matafuegos, instalaciones eléctricas y de gas, etc. para las unidades productivas de la economía informal).

“Reformar las normativas sobre la creación de empresas, reduciendo los costos de registro y la duración del procedimiento” (basta de tener las matrículas de cooperativa en trámite en el Inaes durante 18 meses y pagando contadores y abogados para que firmen balances e informes innecesarios).

Con independencia del beneplácito por los triunfos obtenidos, que deben hacerse operativos en breve en la Argentina, el texto de la recomendación no aborda las causas estructurales del trabajo informal, la desigualdad y la pobreza, ni ataca los abusos de las trasnacionales y el sector financiero. Es llamativo que la recomendación, en su lucha por el blanqueo de la economía, no condene los paraísos fiscales, del secreto bancario y otras artimañas de los banqueros para proseguir con su adoración idolátrica del dinero en vez de ponerlo al servicio del Trabajo Digno. Es raro que la cede de la Organización del Trabajo siga en un emblema del capitalismo financiero. En cualquier caso, bienvenidos sean los derechos conquistados y a trabajar por que se cumplan, en la perspectiva de una alternativa popular a esta globalización excluyente.

Fuente: Juan Grabois para Miradas al Sur, Producción Riachuelo

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