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OPINIÓN: EL HOMBRE DETRÁS DEL TELÓN ABREVA EN FUKUYAMA

[Revista Venceremos] En su epílogo, la fábula contemporánea de Frank L. Baum nos muestra al célebre Mago de Oz – capaz de interpretar y complacer el deseo de tod@s – como un hombre común dedicado a repetir aquello que la gente prefiere escuchar: Algo de eso ocurre en la Argentina actual con el gurú que ha venido asesorando al think thank de la coalición gobernante, a los efectos de adaptarse a los tiempos de la post política con el fin de perpetuarse ad eternum.

“Sigue el camino amarillo”

Jorge “Chiqui” Falcone – Ya es un lugar común que – merced a su propensión al blooper – el Presidente de la Nación sea frecuentemente ridiculizado en las redes sociales desde medios específicamente satíricos como la Revista Barcelona o el colectivo Eameo hasta por  buena parte del activismo. Pero su proverbial torpeza discursiva no implica que el máximo referente de la coalición gobernante sea apenas una suerte de Miky Vainilla: quien lo reduzca a esa categoría pifiará fiero ante los escenarios que se avecinan.

Sin ir más lejos, en su reciente periplo televisivo destinado a presentar su último libro, el asesor gubernamental que considera a Mauricio Macri como “el político del futuro” sorprendió a más de un incauto reseñando sus antecedentes como militante izquierdista, así como citando a pensadores bastante distantes al universo de ideas que acostumbra a esgrimir. Una de sus referencias habituales es la del reconocido sociólogo Zygmunt Bauman, quien acuñara el concepto de modernidad líquida para describir el actual momento de la historia en el que las realidades sólidas de antaño, como el trabajo y el matrimonio para toda la vida, se han desvanecido. Según el célebre ensayista, las caídas de estas instituciones dieron paso a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotador.

Apoyándose en dichos preceptos, Jaime Durán Barba clasifica de la siguiente manera los porcentajes de interés que despiertan distintos factores de la discursividad política en los actuales electores: Alfa signal (el contenido de lo que se dice: 20%), infra signal (el énfasis que se utiliza al expresarlo: 40%), y para signal (la gestualidad con que se lo acompaña: 40%)

Dicho esquema lo induce a proponer un comunicador moderno para esta sociedad caótica. Si nos atenemos al magro índice de interés social que atribuye a los mensajes de fondo, así como a su sobrevaloración de lo gestual – parámetros por  cierto discutibles -, no sorprenderá tanto que el hombre pondere los mil likes obtenidos en sólo una hora por el post del perro Balcarce sentado en el sillón de Rivadavia, o la aceptación que producen en cierta franja de la opinión pública las fotos de la pareja presidencial mostrándose descontracturada y en compañía de su pequeña hija Antonia.

Si tuviéramos que aceptar a pie juntillas dichos presupuestos – sobre los cuales aún no parecería estar todo dicho -, muy probablemente habría que buscar sus causas de fondo en  los efectos escarmentadores heredados de la maquiavélica ingeniería represiva procesista, combinados con las notorias consecuencias de una posmodernidad que ha puesto en crisis el interés colectivo por la cosa pública, cuestionando profundamente la representatividad de la clase política.

Volviendo a su cliente, Durán Barba contrapone a los políticos proteccionistas y “retrógrados” como Trump y Le Pen con los que – siempre según su criterio –  describe como globalizadores y “de avanzada”, al estilo de Macron o Macri.

Así, retomando esquemas de pensamiento que inauguraron la década de los 90s, como la noción del último hombre y el fin de la política, se permite profetizar el crepúsculo del homo sapiens y “ratificar” la muerte de las ideologías, sosteniendo que nuestra sociedad está compuesta por un 80% de desinteresados en las cuestiones atinentes al poder.

Y rubrica dicha prospección atribuyendo a la nanotecnología la capacidad de convertirnos en el mediano plazo en un Homo Singularis. A propósito de este concepto, vale refrescar que el primer uso del término fue realizado por el matemático John von Neumann, en el prólogo de su libro “La computadora y el cerebro”, a mediados de la década de 1950, cuando escribió que “el cada vez más acelerado progreso de la tecnología y los cambios en el modo de la vida humana, dan la apariencia de que se acerca un punto de singularidad en la historia de la raza humana más allá del cual los asuntos no pueden seguir tal como los conocemos“. Von Neumann utilizó por primera vez el término en ese contexto, pero quien lo popularizó, fue el escritor de ciencia ficción norteamericano Vernor Vinge (n. 1944) Vinge es uno de los representantes de lo que se denomina como la ciencia ficción “dura”, a la que ha aportado algunas de las ideas más originales e innovadoras. Vinge argumentaba que “la inteligencia artificial, la mejora biológica humana, o las interfaces cerebro-computadora podrían ser las posibles causas de una singularidad“.

Conjeturas, como se podrá apreciar, formuladas como si la historia fuera a desarrollarse según el designio exclusivo de los poderosos, y sin la variable de un resentimiento global que crece desde los sectores subalternos de todo el planeta: A mediados de los 90s, Bill Gates también se aventuró a profetizar – en conferencia sobre “La información en la punta de los dedos” – que Internet materializaría el sueño de la democratización absoluta de las relaciones humanas… sólo que, más de dos décadas después, aún convivimos con una abrumadora mayoría de analfabetos informáticos.

No obstante, es recomendable superar la previsible refractariedad que generan en la militancia personajes como Durán Barba, para interiorizarse en el corpus de ideas que profesan, como ellos lo han hecho con las nuestras. En este caso, el hombre se formó en la UNCuyo con Enrique Dusell (mentor de la Filosofía de la Liberación), estudió profundamente el pensamiento de intelectuales críticos como Aníbal Ponce o José Carlos Mariátegui, y militó en “la gloriosa JP”.

Sin embargo, arrastrado por los vientos de la historia y ya lejos de las rebeldías juveniles, hoy considera “viejecitos de 18 años” a los referentes de algunos centros de estudiantes capaces de identificarse con Fidel o Chávez.

Sin duda alguna, y como hombre del poder, recomienda al oficialismo construir su némesis en la figura de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, esa suerte de  “Indio Solari de la clase política”, egocéntrica e imprevisible, que – aún apareciendo y desapareciendo sin aviso previo, y prescindiendo de todo mecanismo de consulta respecto a sus decisiones – sigue cautivando a buena parte de sus fieles, que la ven como la única esperanza blanca para la redención de la Patria.

Tanto contagian las ideas del sujeto en cuestión, que recientemente hemos sido testigos de un lanzamiento de campaña absolutamente montado según su criterio: prescindencia de dirigentes conocidos, banderas identificatorias, liturgia partidaria, y acompañamiento exclusivo de “ciudadanos” victimizados por el modelo, lo que una elemental interpretación semiológica podría traducir como “basta de lastres del pasado”.

Ya está. Los armados electorales que competirán en octubre han tomado estado público ratificando la enorme fragmentación de las fuerzas en pugna: La ex presidenta ofrece una lista “de lujo” conformada con l@s cada vez más escas@s referentes limpios de corrupción que la rodean, el oficialismo presenta una gris y llena de mediátic@s. Si el electorado fuera tal y como lo describe Durán Barba, deberíamos concluir que la lista de lujo es esa.

La maquinaria de la alternancia neoliberal – neodesarrollista está nuevamente en marcha. En consecuencia, ¿deberíamos arrojarnos acríticamente en brazos de la democracia burguesa, sin la mínima cuota de imaginación y audacia como para exigir – por ejemplo – una Asamblea Constituyente capaz de restaurar consensos que ya no garantizan los agónicos partidos tradicionales, y temeros@s de atentar contra la gobernabilidad? Esa parecería ser la tendencia general, aunque la experiencia acumulada en la lucha debiera convencernos de que torcer nuestro destino no pasa por meter un sobrecito en una urna de cartón corrugado cada dos o cuatro años, como si estuviéramos condenados a responder a un ineludible reflejo pavloviano. Ojalá estemos a tiempo de que much@s desprevenid@s logren leer bajo el agua y se decidan a sortear la nueva encerrona que prepara el sistema para que males mayores o menores mantengan inalterada la matriz productiva agroexportadora y extractivista que viene postrando a la Patria desde hace décadas, muy a pesar de gestos republicanos o discursos incendiarios.-

 

 

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