#EntrevistaRiachuelo: NUEVA PUBLICACIÓN DE ROBERTO PERDÍA, “PRISIONEROS DE ESTA DEMOCRACIA”

[FM RIACHUELO 18/03/2019] FM Riachuelo conversó con Roberto Perdía, referente de Organizaciones Libres del Pueblo (OLP) sobre la publicación de su libro “Prisioneros de ésta democracia” donde recoge prácticas concretas de gestión y poder popular en algunas comunidades. Habla sobre las limitaciones de la democracia liberal y la necesidad de visibilizar experiencias donde se pone en juego una democracia participativa en la cual el pueblo es protagonista. Resalta las conquistas de las organizaciones en atención primaria de la salud y educación popular, y reflexiona sobre la reforma agraria como instrumento para alcanzar soberanía alimentaria.

FM RIACHUELO: Queríamos conversar sobre la reciente publicación del libro, “Prisioneros de esta democracia” editado por Resumen Latinoamericano, el título interpela una categoría bastante sagrada para el progresismo y en un año particular, ya que gran parte del volumen político está ocupado en pensar la institucionalidad. ¿Qué recorrido ha tenido este planteo de “Prisioneros de esta democracia, en los lugares donde lo fuiste presentando, cual fue la recepción de este material?

Roberto Perdía: Sigo defendiendo la democracia, pero otro tipo de democracia. Lo que se plantea como eje principal es que ésta democracia que conocemos en la cual el voto es la expresión de la política. Ocurre que para esta concepción vemos que es una cuestión limitada a esa forma de expresión. Dentro de esto hay una contradicción, los compañeros escuchan, en general les parecen interesantes algunos planteos, pero creo que un tema que en parte le falta al libro y que creo que tiene que ver con la realidad cultural del país, es que no tenemos suficiente visibilidad de las ideas que se plantean. Va a haber que trabajar mucho en eso de cómo es, qué significa esto en la práctica. La visibilidad viene por hechos externos, pero son incipientes, no se ven todavía a nivel de que otras organizaciones o sectores populares amplios lo pueden ver como algo tangible, entonces creo que es en esa contradicción de hoy en día que va a circulando el libro.
Voy a citar dos hechos que creo que rompen esta limitación de alguna manera. Uno lo que esta pasando en Chaco en estos días con el sistema de guardias comunitarias, donde de repente la población de los pueblos originarios de la zona (básicamente los wichis), han logrado en algunos municipios como en el “Sausalito”, una ordenanza con la cual tienen derechos a armar sus guardias comunitarias. Hay una reacción que hoy empezó fuerte en la prensa, acerca del significado de eso. Cuando planteamos el capitulo de la autodefensa estamos hablando de eso: un pueblo originario lo está llevando a la práctica y esta estallando en éste momento. Y esta pasando eso porque el estado no existe, y si llega muchas veces es en el plano represivo. El pueblo inventa sus propias respuestas, es un fenómeno que es digno de destacar, tiene un peso notable y nos obliga a los sectores populares a que podamos indagar un poco más. No es casual que esto suceda en un sector absolutamente abandonado por el estado, donde este sector es solamente sujeto pasivo para ser expoliado de sus tierras como sucede con los wichis en el NOA, o lo

s mapuches en el sur, donde lo que esta en disputa es la tierra. Sin embargo allá broto una respuesta que no era esperada, que me hace acordar a aquel poeta que decía “desde el fondo más hondo surgirán las alturas más altas”, hacia falta que lleguemos a los grados de explotación de carácter necio que tiene esto para que brotaran las respuestas. Éste es un tema que es novedoso y alumbra al libro desde otro lugar, que no era esperado.

El segundo tema nos viene del tema internacional, de Venezuela. Cuando uno ve lo que pasa allí respecto del tema energético, alimenticio, del agua, uno puede pensar eso es de otros y lejanos. Y no es así. Mas allá del origen que podemos discutir mucho de por qué se llegó a esta situación, en la cual intervienen errores y debilidades propias más la acción imperial, hoy en dia lo que eso refleja es un punto alto de lo que ocurre en nuestras sociedades cuando se llega a estos niveles de confrontación y lucha, y a estas demandas del poder imperial. Si uno hubiera imaginado esto un año atrás, diría “no, estas loco”, pero esta pasando. Este es otro fenómeno: si realmente aspiramos a cambios profundos, chay que pensar cómo nos preparamos, porque esos cambios tienen que ver con cosas mas cotidianas, como la luz, el agua y los alimentos. Yo creo que desde el momento en que sale el libro estos dos hechos que nos ponen ante la evidencia de repensar la situación desde otro lugar.

FMR: Criticás algunos aspectos de la democracia como la lógica del voto y la partidocracia, ¿cuáles son los elementos de una democracia que sí deberíamos reivindicar, y dónde la vemos aunque esté invisibilizada en la cotidianeidad?

FM RIACHUELO: Queríamos conversar sobre la reciente publicación del libro, “Prisioneros de esta democracia” editado por Resumen Latinoamericano, el título interpela una categoría bastante sagrada para el progresismo y en un año particular, ya que gran parte del volumen político está ocupado en pensar la institucionalidad. ¿Qué recorrido ha tenido este planteo de “Prisioneros de esta democracia, en los lugares donde lo fuiste presentado, cual fue la recepción de este material?

Roberto Perdía: Sigo defendiendo la democracia, pero otro tipo de democracia. Lo que se plantea como eje principal es que ésta democracia que conocemos en la cu

al el voto es la expresión de la política ocurre que para su concepción vemos que es una cuestión limitada a esa forma de expresión. Dentro de esto hay una contradicción, los compañeros escuchan, en general les parecen interesantes algunos planteos, pero creo que un tema que en parte le falta al libro y que creo que tiene que ver con la realidad cultural del país, es que no tenemos suficiente visibilidad de las ideas que se plantean. Va a haber que trabajar mucho en eso de cómo es, qué significa esto en la práctica. La visibilidad viene por hechos externos, pero son incipientes, no se ven todavía a nivel de que otras organizaciones o sectores populares amplios lo pueden ver como algo tangible, entonces creo que es en esa contradicción de hoy en día que va a circulando el libro.

Voy a citar dos hechos que creo que rompen esta limitación de alguna manera. Uno lo que esta pasando en Chaco en estos días con el sistema de guardias comunitarias, donde de repente la población de los pueblos originarios de la zona (básicamente los wichis), han logrado en algunos municipios como en el “Sausalito”, una ordenanza con la cual tienen derechos a armar sus guardias comunitarias. Hay una reacción que hoy empezó fuerte en la prensa, acerca del significado de eso. Cuando planteamos el capitulo de la autodefensa estamos hablando de eso: un pueblo originario lo está llevando a la práctica y esta estallando en éste momento. Y esta pasando eso porque el estado no existe, y si llega muchas veces es en el plano represivo. El pueblo inventa sus propias respuestas, es un fenómeno que es digno de destacar, tiene un peso notable y nos obliga a los sectores populares a que podamos indagar un poco más. No es casual que esto suceda en un sector absolutamente abandonado por el estado, donde este sector es solamente sujeto pasivo para ser expoliado de sus tierras como sucede con los wichis en el NOA, o los mapuches en el sur, donde lo que esta en disputa es la tierra. Sin embargo allá broto una respuesta que no era esperada, que me hace acordar a aquel poeta que decía “desde el fondo más hondo surgirán las alturas más altas”, hacia falta que lleguemos a los grados de explotación de carácter necio que tiene esto para que brotaran las respuestas. Éste es un tema que es novedoso y alumbra al libro desde otro lugar, que no era esperado.

El segundo tema nos viene del tema internacional, de Venezuela. Cuando uno ve lo que pasa allí respecto del tema energético, alimenticio, del agua, uno puede pensar eso es de otros y lejanos. Y no es así. Mas allá del origen que podemos discutir mucho de por qué se llegó a esta

situación, en la cual intervienen errores y debilidades propias más la acción imperial, hoy en día lo que eso refleja es un punto alto de lo que ocurre en nuestras sociedades cuando se llega a estos niveles de confrontación y lucha, y a estas demandas del poder imperial. Si uno hubiera imaginado esto un año atrás, diría “no, estas loco”, pero esta pasando. Este es otro fenómeno: si realmente aspiramos a cambios profundos, chay que pensar cómo nos preparamos, porque esos cambios tienen que ver con cosas mas cotidianas, como la luz, el agua y los alimentos. Yo creo que desde el momento en que sale el libro estos dos hechos que nos ponen ante la evidencia de repensar la situación desde otro lugar.

FMR: Criticás algunos aspectos de la democracia como la lógica del voto y la partidocracia, ¿cuáles son los elementos de una democracia que sí deberíamos reivindicar, y dónde la vemos aunque esté invisibilizada en la cotidianeidad?

RP: La democracia que queremos construir tiene que ver con aquella contradicción entre el poder constituyente y el constituido. De qué manera el pueblo avanza en la recuperación y creación de instituciones de sus nuevos derechos, y cómo el sistema constituido se va a

oponer a todo eso. En esa contradicción hay ciertas cosas que yo creo que se pueden observar, que están al alcance de la mano, que no son tan difíciles. Tal vez lo son en la cabeza pero no en la práctica. Creo que podemos tener acceso a la democracia del pueblo con una relativa facilidad y no lo hacemos o logramos hacer porque estamos absolutamente controlados, dominados y embuidos por esa democracia de éste sistema político del parlamentarismo, de los votos, etc. que no nos permite ver otra cosa. Yo siempre insisto en un tema que me parece muy sencillo y elemental que es el de la atención primaria de la salud, donde inclusive existen las organizaciones que están repartidas por todo el país, particularmente en sectores populares que bordean a las grandes ciudades, donde esta la mayor parte del pueblo. Hay miles de salitas, en la provincia de Buenos Aires hay entre 20 y 50 salitas por municipio. Si nos pusiéramos con la convicción de que el pueblo tomara el control de esas salitas, no sería tan complicado colocar una parte del problema de salud, la administración en manos del pueblo. Esto significaría, control de los médicos, sus horarios, enfermeras, remedios, mejoramiento de la salita, y otras prestaciones que podrían hacerse. Eso está ahí, está la institución en medio de los barrios populares y está la estructura, lo que no está es la decisión de las organizaciones de ir por esa pelea, porque se privilegia otra cosa. Se privilegia la lista, la interna, etc. Y pasan los años y las elecciones como una calesita, y eso queda boyando. De esto hubo experiencias, y eso lo escribí, lo tome de una charla con Florial Ferrara, que intentó aplicarlo de arriba para abajo, pero siempre insistía: son los sitios donde es mas sencillo y posible construir el poder del pueblo en el territorio. Allí hay un lugar servido. Yo me pregunto si las organizaciones sociales de los municipios se pusieran de acuerdo, tuvieran su modelo y presionaran sobre los concejos deliberantes, en determinadas circunstancias, seguramente sacarían una ordenanza donde esto se pondría en práctica. Lo que tenemos es un mínimo conocimiento de como funcionan los consejos deliberantes, se pueden conseguir normas o disposiciones mientras el intendente no las vete y las aplique, que será otra pelea. Hay que recoger este margen de legalidad.
Los wichis por ejemplo, lo hacen con una ordenanza que sacó el municipio de el Sausalito, hubo una decisión: “vamos por eso”. Eso es darle poder al pueblo, ya no a una dirigencia que esta metida en ciertos lugares, que se reúnen en despachos de altísimo nivel, no. En el pueblo llano. Ese pueblo tendría la facultad de dar una respuesta mínima a los problemas de los vecinos, es poder popular desde abajo realmente, que el pueblo sienta que en algo manda. Aspiramos a que el pueblo mande. Si lograramos en dos o tres años tener 15 municipios de Buenos Aires con algún sistema donde los consejos de administración estén en manos del pueblo organizado, sería una gigantesca conquista. Podríamos decir: acá, en materia de salud primaria, el pueblo manda.

FMR: En las organizaciones sociales la cuestión de la participación y protagonismo popular está en la esencia y en la practica con asambleas, reuniones, en las formas de discutir, de decidir. Sin embargo cuando vamos a ese otro nivel, en algún momento ese valor de lo participativo se pierde. ¿Dónde se pierde?

RP: Yo creo que se pierde en la cultura, ni siquiera en la política. La cultura es lo más profundo, esta metida en el alma, y ahí las prioridades son otras, por eso no le encontramos la vuelta a esto. Por eso es importantísimo el tema de la visibilización de alguna posibilidad de esto, que apareció por el costado, con los wichis del Chaco. Si eso fue posible, ¿cómo es posible que organizaciones que tienen una racionalidad mucho más alta, no sean capaces de plantearse cosas semejantes? Tal vez tenga que ver justamente con eso, con la tamaña racionalidad, el modernismo y eso que es base de esta democracia. Por algún lado, de alguna manera lo tenemos que superar, y lo haremos cuando podamos exhibir muestras de haberlo logrado en algún campo. Lo mismo marcaba para educación, se abrió paso a algo a través de algo chiquito de la Ley de Educación, que decía que seria de gestión estatal, privada o social. Nadie sabía que era eso. Yo mismo fui varias veces al ministerio a preguntar que era eso de gestión social. En muchos lugares en el Gran Buenos Aires y CABA, organizaciones sociales, sindicatos y fuerzas territoriales empezaron a plantearlo y se arrancó con los bachilleratos de gestión social, lo que llamamos bachilleratos populares. Y están funcionando, varias decenas. Era posible hacerlo. Eso es otra punta que nos demuestra que podemos arrancar cosas apoyándonos en medidas que alguna vez algún estado sacó, de la cual nos podamos agarrar para que nos dejen algún margen de legalidad. Es posible.
En el 2015 en el IMPA teníamos el problema de que no estaban reconocidos los bachilleratos, y era necesario, porque sin ese papelito el que se egresa no puede trabajar. Con los y las compañeras aprovechemos las elecciones para arrancar la legalidad. Se hicieron varias movilizaciones, pero el acuerdo era “no hablemos de plata, no pidamos legalidad”. Así fue que un día ocupamos el Ministerio, se terminó negociando y lo reconocieron: se resolvió el problema de la legalidad. Los bachilleratos populares estuvieron 7 años sin legalizarse y había cerca de 100 docentes que no cobraban, luego los reconocieron y pudieron cobrar parte de esos 7 años de trabajo. No todo se consigue en el día pero sí que hay caminos por los que podemos avanzar. Si mañana podemos protagonizar una insurrección general y podemos terminar con este estado y este poder, chau, no nos preocupamos, pero mientras vayamos viendo de qué manera el pueblo consolida poder. No es contradictoria una cosa con la otra, cuanto mas poder tiene el pueblo mas poder quiere, ambas tareas son complementarias, pero nos cuesta aceptar eso. Y así, detrás de la idea de la revolución, ocultamos tareas que son posibles, compatibles y complementarias con las tareas mas revolucionarias.

FMR: El secreatario de Derechos Humanos de la CTEP, Lito Borello, habló sobre a un gran concepto como del reforma agraria. El plantea que las organizaciones populares en este momento más que construir un candidato, deberíamos construir un programa para demandar políticas concretas a cualquier expresión que saliera exitosa en las elecciones de este año. Uno de esos puntos, además de esos ejes a los que te referiste como salud y educación, debería ser la reforma agraria. Desde ésta perspectiva con la cual nos ejemplificas otras áreas, y con éste componente de prácticas que empoderen a nuestro pueblo, a vos en el tema alimentario, ¿qué te parece que podría ser una experiencia posible?

RP: En el libro están tomados los dos aspectos: la propiedad rural y la urbana. Con la reforma agraria podemos hablar de ambas. Hablemos de la rural ahora: creo que esta atado a varias cuestiones, a un nuevo modo de vida además, donde las personas tengan su hábitat a partir del cual puedan sobrevivir. Venezuela nos indica que la lucha, si somos consecuentes, nos va a llevar a caminos de ese tipo. En ese marco eso no lo podemos separar del tema alimentario. La reforma agraria no es un concepto abstracto, vamos a abordarlo desde un lugar muy concreto: lo alimentario. Un teórico dijo que el hombre es lo que come. Ese es un tema. Es un tema clave, que tiene que ver con qué comemos y qué quiere el imperio que comamos, ahí viene la otra cuestión. Así como el imperio logró establecer un sistema por el cual ha reemplazado las necesidades por deseos, desde el sistema electoral hasta la comida, hoy la necesidad aparece bajo la forma del deseo con las elecciones y con el tema alimentario de manera mas grave. Al imperio le interesa homogeneizar el consumo de lo que se come acá, en Nigeria y en la China, de ese modo no sólo aumentan sus ganancias sino que además y mas importante, rompen con la cultura local, con la soberanía alimentaria. Hace muchos años escuche a un embajador chino dijo: “en muchos países nos ofrecen hamburguesas, pero no queremos que nos vendan hamburguesas, queremos comprar carne. Porque si el día de mañana tenemos un conflicto con quien nos vende hamburguesas podemos tener una rebelión del pueblo porque no hay hamburguesas. Queremos comprar carne y hacer las hamburguesas con gusto chino, de modo que mañana nadie nos va a venir a cuestionar, y la carne es mas fácil de conseguir que las hamburguesas”. Hoy en día se imponen las comidas que a ellos les conviene y eso genera una forma mas de dependencia cultural, además el agravante es que ya nos metemos en otro terreno que no es secundario. Hace poco se publicó, a raíz de un recurso de amparo que presentaron algunas organizaciones, un informe del mercado central de La Matanza sobre los alimentos que recibía: de cada 10 alimentos, 6 venían con agro químicos prohibidos o en cantidades por fuera de las normas permitidas. Nos alimentan con veneno. La reformas agraria va de la mano de una organización del sistema productivo donde no produzcamos veneno, sino comida, esto es lo que habrá que trabajar, cómo hacemos para producir comida y no veneno. La reforma agraria es un paso imprescindible porque sin la infraestructura, que es la tierra, estamos lejos. La tierra no nos garantiza nada, pero sin la tierra no tenemos nada. La reforma agraria es parte de la reforma alimentaria y es imprescindible, hay que inscribirla en ese marco. Hoy no podemos imaginar que vamos a llegar a la soberanía alimentaria si los sectores populares están excluidos de la tierra. Esa es una pelea política, porque además, la sociedad, en términos generales, prefiere no escuchar éstas cosas, porque el uso de los paquetes tecnológicos les permite mayores ganancias y velocidad en la circulación del capital, entonces es mejor no enterarse de cómo producen el alimento, porque si no me entero no lo sé. Ésa es la otra pelea que viene de la mano de esto, la propiedad rural y la necesidad de la reforma agraria en función de la soberanía alimentaria, va de la mano de pensar en qué forma se le pone limites a los paquetes tecnológicos, que son fundamentales para la ganancia del capitalista. Pero sin dudas, el primer paso es la tierra, con la reforma agraria.

FMR: Hablaste de la dimensión cultural y sus dificultades, ¿cual es la tarea de la comunicación en esa necesidad de dar la lucha en lo cultural?

RP: Es lo que se llama el pensamiento critico, no quedarse con lo hecho y lo dado, hay que ir atrás de eso, detrás del cuestionamiento, del pensamiento critico tiene que venir la acción concordante con eso. Sin pensamiento critico la acción no tiene rumbo, es como lo que decíamos del poder, hay un poder constituido y frente a eso levantamos un poder constituyente en cada tema que querramos hablar, nos vamos a encontrar con un sistema cultural dado y en funcionamiento. Eso es lo que tenemos que preguntarnos , que hay detrás de eso. La tarea de los comunicadores es sostener un pensamiento critico y transformarlo en acciones conducentes para cambiar esa situación.

La democracia que queremos construir tiene que ver con aquella contradicción entre el poder constituyente y el constituido. De qué manera el pueblo avanza en la recuperación y creación de instituciones de sus nuevos derechos, y cómo el sistema constituido se va a oponer a todo eso. En esa contradicción hay ciertas cosas que yo creo que se pueden observar, que están al alcance de la mano, que no son tan difíciles. Tal vez lo son en la cabeza pero no en la práctica. Creo que podemos tener acceso a la democracia del pueblo con una relativa facilidad y no lo hacemos o logramos hacer porque estamos absolutamente controlados, dominados y embuidos por esa democracia de éste sistema político del parlamentarismo, de los votos, etc. que no nos permite ver otra cosa. Yo siempre insisto en un tema que me parece muy sencillo y elemental que es el de la atención primaria de la salud, donde inclusive existen las organizaciones que están repartidas por todo el país, particularmente en sectores populares que bordean a las grandes ciudades, donde esta la mayor parte del pueblo. Hay miles de salitas, en la provincia de Buenos Aires hay entre 20 y 50 salitas por municipio. Si nos pusiéramos con la convicción de que el pueblo tomara el control de esas salitas, no sería tan complicado colocar una parte del problema de salud, la administración en manos del pueblo. Esto significaría, control de los médicos, sus horarios, enfermeras, remedios, mejoramiento de la salita, y otras prestaciones que podrían hacerse. Eso está ahí, está la institución en medio de los barrios populares y está la estructura, lo que no está es la decisión de las organizaciones de ir por esa pelea, porque se privilegia otra cosa. Se privilegia la lista, la interna, etc. Y pasan los años y las elecciones como una calesita, y eso queda boyando. De esto hubo experiencias, y eso lo escribí, lo tome de una charla con Florial Ferrara, que intentó aplicarlo de arriba para abajo, pero siempre insistía: son los sitios donde es mas sencillo y posible construir el poder del pueblo en el territorio. Allí hay un lugar servido. Yo me pregunto si las organizaciones sociales de los municipios se pusieran de acuerdo, tuvieran su modelo y presionaran sobre los concejos deliberantes, en determinadas circunstancias, seguramente sacarían una ordenanza donde esto se pondría en práctica. Lo que tenemos es un mínimo conocimiento de como funcionan los consejos deliberantes, se pueden conseguir normas o disposiciones mientras el intendente no las vete y las aplique, que será otra pelea. Hay que recoger este margen de legalidad.
Los wichis por ejemplo, lo hacen con una ordenanza que sacó el municipio de el Sausalito, hubo una decisión: “vamos por eso”. Eso es darle poder al pueblo, ya no a una dirigencia que esta metida en ciertos lugares, que se reúnen en despachos de altísimo nivel, no. En el pueblo llano. Ese pueblo tendría la facultad de dar una respuesta mínima a los problemas de los vecinos, es poder popular desde abajo realmente, que el pueblo sienta que en algo manda. Aspiramos a que el pueblo mande. Si lográramos en dos o tres años tener 15 municipios de Buenos Aires con algún sistema donde los consejos de administración estén en manos del pueblo organizado, sería una gigantesca conquista. Podríamos decir: acá, en materia de salud primaria, el pueblo manda.

FMR: En las organizaciones sociales la cuestión de la participación y protagonismo popular está en la esencia y en la practica con asambleas, reuniones, en las formas de discutir, de decidir. Sin embargo cuando vamos a ese otro nivel, en algún momento ese valor de lo participativo se pierde. ¿Dónde se pierde?

RP: Yo creo que se pierde en la cultura, ni siquiera en la política. La cultura es lo más profundo, esta metida en el alma, y ahí las prioridades son otras, por eso no le encontramos la vuelta a esto. Por eso es importantísimo el tema de la visibilización de alguna posibilidad de esto, que apareció por el costado, con los wichis del Chaco. Si eso fue posible, ¿cómo es posible que organizaciones que tienen una racionalidad mucho más alta, no sean capaces de plantearse cosas semejantes? Tal vez tenga que ver justamente con eso, con la tamaña racionalidad, el modernismo y eso que es base de esta democracia. Por algún lado, de alguna manera lo tenemos que superar, y lo haremos cuando podamos exhibir muestras de haberlo logrado en algún campo. Lo mismo marcaba para educación, se abrió paso a algo a través de algo chiquito de la Ley de Educación, que decía que seria de gestión estatal, privada o social. Nadie sabía que era eso. Yo mismo fui varias veces al ministerio a preguntar que era eso de gestión social. En muchos lugares en el Gran Buenos Aires y CABA, organizaciones sociales, sindicatos y fuerzas territoriales empezaron a plantearlo y se arrancó con los bachilleratos de gestión social, lo que llamamos bachilleratos populares. Y están funcionando, varias decenas. Era posible hacerlo. Eso es otra punta que nos demuestra que podemos arrancar cosas apoyándonos en medidas que alguna vez algún estado sacó, de la cual no spodamos agarrar para que nos dejen algún margen de legalidad. Es posible.
En el 2015 en el IMPA teníamos el problema de que no estaban reconocidos los bachilleratos, y era necesario, porque sin ese papelito el que se egresa no puede trabajar. Con los y las compañeras aprovechemos las elecciones para arrancar la legalidad. Se hicieron varias movilizaciones, pero el acuerdo era “no hablemos de plata, no pidamos legalidad”. Así fue que un día ocupamos el Ministerio, se terminó negociando y lo reconocieron: se resolvió el problema de la legalidad. Los bachilleratos populares estuvieron 7 años sin legalizarse y había cerca de 100 docentes que no cobraban, luego los reconocieron y pudieron cobrar parte de esos 7 años de trabajo. No todo se consigue en el día pero sí que hay caminos por los que podemos avanzar. Si mañana podemos protagonizar una insurrección general y podemos terminar con este estado y este poder, chau, no nos preocupamos, pero mientras vayamos viendo de qué manera el pueblo consolida poder. No es contradictoria una cosa con la otra, cuanto mas poder tiene el pueblo mas poder quiere, ambas tareas son complementarias, pero nos cuesta aceptar eso. Y así, detrás de la idea de la revolución, ocultamos tareas que son posibles, compatibles y complementarias con las tareas mas revolucionarias.

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