“LA SALUD COMUNITARIA PERMITE CREAR ORGANIZACIÓN Y EJERCER PODER POPULAR” #EntrevistaRiachuelo con Jorge Rachid

[FM Riachuelo 11/03/2020] La furiosa instalación mediática del tema del Coronavirus también tiene sus efectos secundarios: en organizaciones barriales, experiencias comunitarias, y militancias volcadas a la construcción de una salud popular, cual toma de judo, el tema relanza la necesidad de un profundo debate sobre la salud que contemple la participación y el protagonismo de un Pueblo que ya no quiere ser “paciente”. Esta mirada, que viene siendo parte de la agenda de nuestra FM Riachuelo, contó este lunes con el aporte agudo de Jorge Rachid, de escuela carrillista y largo compromiso militante con la materia. Con simpleza y la charla amena de alguien acostumbrado a prestar oído a los padecimientos de su comunidad, Rachid dejó en claro la importancia de la construcción de una salud comunitaria como elemento del desafío de producir poder popular, las limitaciones del asistencialismo, y los intereses globales que impiden la posibilidad de resolver un problema acuciante para las mayorías populares de nuestro planeta. 

FMR: ¿Qué opinás del protagonismo de la comunidad en cuanto a las cuestiones de salud?

Jorge Rachid: Lo que nosotros venimos planteando desde nuestro espacio de salud, desde el Instituto Patria, desde todos los que compartimos una idea sanitaria carrillista –de Ramón Carrillo–, es que primero hay que destruir el concepto de médico hegemónico. La salud con el médico tiene poco que ver; en realidad lo que tiene que ver con el médico es la enfermedad, o en todo caso, con el sistema sanitario. El enemigo ha intentado siempre que la enfermedad, o la atención de la enfermedad, sea el eje sobre el cual se construye la concepción de salud, y es totalmente lo contrario. Ramón Carrillo nos dijo tres frases que yo siempre repito: “el mejor plan de salud es agua corriente y cloaca”, y los médicos no estamos ahí. También decía: “los virus y las bacterias son pobres causas de enfermedades al lado de la miseria, la pobreza y la exclusión social”, y tampoco estamos los médicos. Y lo tercero, que tiene mucha actualidad: “si los avances científicos tecnológicos en materia de salud no están al servicio del pueblo, no sirven para nada”. Y es lo que estamos viendo en esta etapa, donde el eje pervertido y canalla de la industria farmacéutica y las tecnologías médicas ha hecho abandonar la concepción de la salud como la vemos nosotros, que es una concepción comunitaria, como la veía Carrillo. Es lo que hoy se llama epidemiología crítica, que estudia las determinaciones sociales sobre la salud, aquellos efectos de todo tipo que intentan o provocan que se pierda el equilibrio de la salud, siempre precario frente a las agresiones que uno recibe: desde el cambio climático hasta un despido, desde un divorcio hasta un duelo, desde un salario que no alcanza hasta la falta de posibilidad de darle perspectiva de vida a los hijos. Todo esto se llama determinaciones sociales sobre la salud.

FMR: Entonces ahí hay que repensar el rol del médico.

JR: Sí. Humildemente y en nuestro caso, se trataría de apuntalar al organismo, tanto individual como social, en aquello que es establecer el equilibrio. Nosotros no curamos, en todo caso apuntalamos como quien apuntala una casa que se está por caer. Esto se articula, si esta es la concepción correcta, con romper el paradigma de la atención de la enfermedad, por el del fortalecimiento de la salud, que no es otra cosa que lo que hace a la prevención, mientras que la atención de la enfermedad es aquello que hace al lucro. Por eso yo siempre digo una frase: el enemigo nos necesita enfermos y crónicos, no nos quiere ni sanos ni muertos, porque sanos y muertos no le damos de comer.

FMR: ¿Cuál es el rol o el impacto del asistencialismo en esta mirada crítica de la salud?

JR: El asistencialismo no te sana, te cronifica. En 1993, el Premio Nobel de Medicina, Richard Roberts, cuando recibió el premio en Estocolmo planteó algo que me emocionó. Él dice: “recibo este premio con dos sentimientos, uno de profunda alegría por el reconocimiento de treinta años de esfuerzo por mi tipo de trabajo. Pero el otro sentimiento es de profunda decepción: porque cada vez que estábamos llegando a la resolución clínica de una enfermedad, me suspendían el financiamiento”. Esto es algo criminal y canalla. Por eso digo, la industria farmacéutica, que tiene mucho que ver en esto, tiene sobre los pueblos una misión primaria que es ganar mucho dinero, más que cualquier otra industria. Su cadena de valor comienza con el 1000%; yo me dedico a la producción pública de medicamentos, así que conozco bien su estructura de costos. Pero la segunda misión es el disciplinamiento de los pueblos: esto que Foucault llamaba vigilar y castigar, que no alcanza con el panóptico, hoy alcanza con la medicalización.

FMR: ¿En qué consiste esta “cronificación” y cómo va avanzando en el mundo?

JR: En esto de cronificar las enfermedades están buscando universos cada vez más amplios, y están atacando a la niñez con enfermedades que no existen. Hay una epidemia de autismo y una epidemia de dislexia como enfermedades genéticas, una barbaridad. Tres de cada diez chicos de Estados Unidos ya tienen metida la ritadina, que empieza a los tres o cuatro años, y hay un componente acá en la Argentina, que ha pasado en los últimos diez años, de tener 500 a 600 certificados de discapacidad mental por año, a tener 19.000 como en la actualidad. O sea, estamos haciendo chicos discapacitados, que para los padres será gracioso tener un certificado de discapacidad porque les da un recurso económico, pero al chico lo marca de por vida como un discapacitado mental.

FMR: ¿Cómo describirías el alcance que tiene este “enemigo”, expresado por las farmacéuticas transnacionales?

JR: Yo que soy un perro viejo de la medicina, voy a un solo congreso internacional y nacional de medicina, que es la de los médicos de familia, porque todos los demás están auspiciados por los laboratorios. Y hay que decirle a la gente: si hay 7.500 millones de personas en el mundo, ¿cuantos tienen la medicina alopática que conocemos nosotros? 3.500 (millones), ¿el resto se muere? No, tiene la misma expectativa de vida que nosotros. Estamos hablando de la medicina ayurvédica, de los fitoterápicos, de la medicina tradicional china; estamos hablando de otros tipos de medicina, de amplísimos conocimientos médicos y científicos, que están alejados de la medicina alopática que conocemos nosotros. Por supuesto que si vos me decís que hemos llegado a un estent, bienvenido sea, que en un infarto te salva la vida; lo que no te resuelve el estent es la arteriopatía que vos tenés como enfermedad base. Es decir, yo te reconstituyo un tránsito, pero no te curo la enfermedad. Esto hay que tenerlo presente, porque si no, creemos que nosotros los médicos somos los magos, “che, mirá que bien que se siente”.

FMR: En este sistema de salud, pareciera ser que la prevención siempre puede esperar y que hay que ocuparse de lo urgente, ¿por qué creés que pasa esto?

JR: Porque hemos perdido la batalla cultural hace cuarenta y cinco años, desde que el neoliberalismo es cultura dominante. Yo te voy a poner un ejemplo práctico, te pongo el siguiente cuadro del imaginario popular: el chico sale a la noche a los dieciséis o diecisiete años, y la mamá le dice en forma enérgica y categórica “cuidado con fumarte un porro esta noche”, “sí mamá” le dice el chico, mientras mira que ella se va a acostar y se toma algo para dormir bien y algo para levantarse mejor, y el marido que se toma todo el arcoíris, desde la azul hasta la naranja, por las dudas que pase algo, y a la mañana viene de bailar el chico y la mamá le da al yogur para que vaya de cuerpo. Entonces se construye una cultura de la dependencia; esto se llama medicalización. Cuando se muere alguien, hay que darle algo a los parientes para que no sufran, y cuando se casa la nena, hay que darle algo a la mamá para que no se ponga nerviosa. Entonces el medicamento se ha convertido, en esta cultural dominante, en vital a la vida, donde te despoja de sentimientos y a su vez, si no tenés el medicamento supuestamente no podés vivir. Esto llevado al plano de la psicología, la personal y la común, lleva como puerta de entrada a las adicciones muy comúnmente. Porque hay adicciones como el consumo problemático de drogas, pero hay adicciones que son sociales.

FMR: En el contexto de este análisis que venís haciendo ¿cómo ves la situación del coronavirus que, si bien es importante tenerla en cuenta, deja de lado las problemáticas del sarampión y el dengue?

JR: Preocupémonos por el dengue y por el sarampión, que son presencias permanentes, graves y lesivas. Algunos, provocados por cuatro años de pesadilla neoliberal del macrismo, que en el caso del sarampión abandonó la vacunación, y no solamente esa sino también la del meningococo de los once años, en una hipótesis lamentable desde el punto de vista sanitario diciendo que a los once años es muy difícil enfermarse de meningitis; lo que no es difícil es el que el chico a los once años tenga un núcleo importante de meningococo que le esté desparramando al resto de la comunidad, entonces hay que tenerlo vacunado para que no lo tenga. El dengue, obviamente, no tiene vacuna, es una enfermedad que se combate solamente con organización comunitaria; la comunidad organizada es la única respuesta que hay. Los gobiernos muchas veces fumigan, y el problema es dentro de las casas, entonces lo que hay que tener es una organización comunitaria que permita crear educación para la salud en forma comunitaria, porque la salud es algo que permite crear, justamente, organización popular permanente, porque va desde la gestación a la muerte. La salud es un eje permanente que después te sirve para ejercer el poder popular en otras áreas.

Dicho esto, con respecto al coronavirus, ya que estamos hablando de medicina, hay que analizarlo en cuatro estamentos. Primer estamento, necesariamente infectológico: el corona es un virus lábil, muy débil, que ha tenido en seis cepas; una noción absolutamente normal para el ser humano, pero ya en la séptima se trasforma en algo agresivo, ¿por qué? Porque ha mutado, y no sabemos si ha mutado porque ha dejado de ser un virus de animales para transformarse en un virus humano, o si ha mutado por resistencia al tratamiento con medicamento de última generación biológica, o si ha mutado por manipulación. Lo que sí sabemos es que es un virus que ataca con mucha facilidad, que muere muy fácil, a los 26 grados de temperatura, por eso se recomiendan tanto los alimentos y las bebidas calientes, pero que no mata. Hay 6.000 muertos en todo el mundo, nada; la gripe de la influenza en Estados Unidos mató a casi 30.000 personas el año pasado, así que, ¿de qué estamos hablando? Algo está pasando. Y esto nos lleva a un segundo nivel de análisis, que es la epidemiologia: ¿cómo se despliega esto? Bueno, es un virus que no ataca a los menores de veinte años, no sabemos por qué, pueden ser portadores, pero no se enferman. Y también es verdad que ataca y desparrama mucho en la movilidad, pero no mata, ¿a quiénes mata? A las personas que están enfermas o a las personas que tienen las defensas bajas, como el HIV, o a las personas que tienen inmunodepresiones por otras cuestiones. Mata por eso.

FMR: Parece que nuevamente entran a jugar otros intereses, otras motivaciones que las estrictamente sanitarias.

Ahí está la epidemiologia: al lado de la letalidad de la influenza o del ébola, no tiene parangón. Pero como el ébola mata a los negros, no preocupa demasiado. Y tampoco tiene parangón con las 24.000 personas que mueren por día de hambre; tampoco hay ninguna pandemia del hambre. El tercer nivel de análisis es el de la industria farmacéutica, como nos pasó con la N1H1, una pandemia que nunca fue tal, endeudó a todos los países, y el laboratorio Sanofi ganó 5.000 millones de dólares en los primeros seis meses. Esa es la gripe aviar que nunca fue, y los directores la OMS que la declararon, fueron echados, y deben estar viviendo muy mal en las islas Seychelles o por ahí. Entonces, la industria farmacéutica dice que ya está arribando el tamiflu, que el dueño de la droga que vendió justamente este laboratorio era Donald Rumsfeld, que en ese momento era el secretario de estado de los Estados Unidos, y traficante de armas, que compró todos los campos de anís del mundo, donde se produce el tamiflu. Este es el otro tema: dicen que la industria farmacéutica ya tiene la vacuna, y para colmo -esto no lo leí, es una hipótesis que si llega a ser es muy grave- no es una vacuna de virus atenuado, sino que es una vacuna sintética, que si es así, sería la primera vacuna sintética que estaría produciendo reacción inmunológica en los organismos. La pregunta del millón es: si produce esta reacción, ¿podrá producir otras? ¿otra vacuna?

El cuarto dato, que no hay que descartar nunca, que es de los intereses económicos que ya vimos de la industria farmacéutica, es la guerra comercial chino estadounidense que seguramente tuvo o tiene algo que ver con todo lo que está pasando. En concreto, hay una alerta mediática con unos protocolos normales sanitarios que hay que tenerlos y está bien que se los tenga, pero de ahí al pánico hay un camino como plantea Naomi Klein en la teoría del caos: en el caos siempre triunfan el sistema y los poderosos, y lo sufren los más débiles.

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