“LA VERDADERA GRIETA ES EL PUEBLO FRENTE A LAS ÉLITES DE PRODUCCIÓN SIMBÓLICA” #EntrevistaRiachuelo con César Trejo, parte II

[FM Riachuelo, 14/03/2020] En esta segunda parte de la entrevista con César Trejo, exsoldado y combatiente de la causa Malvinas, el compañero explicó con precisión la importancia de recuperar la noción de “enemigo”, dejada de lado por nuestra clase política, pero sumamente importante a la hora de dar materia a aquello contra lo que se lucha y se resiste. Luego, habló de la reñida disputa que existe entre el pueblo y las élites en cuanto a la producción de símbolos, en la cual siempre tienen más peso las causas reconocidas por el pueblo que aquello que quiere imponerse desde arriba. Por último, remarcó lo fundamental de recuperar el sentido espiritual de la palabra “política” -muchas veces vaciada en función de los intereses de los poderosos- y su rol ineludible en la reafirmación y reivindicación de nuestra identidad diversa, en pos de la liberación y la emancipación.

FMR: Marcabas muy bien hace un rato que siempre estuvimos en disputa con Inglaterra, ¿cómo ves eso reflejado en la actualidad?

César Trejo: A mí me sorprende que gran parte de la clase dirigente argentina haya desterrado un término –por miedo, por aferrarse a lo políticamente correcto– muy iluminador, que es la palabra “enemigo”. Yo la uso, pero no con odio: yo creo que al enemigo no hay que odiarlo, hay que comprenderlo, estudiarlo, saber sus planes, y hay que definirlo con mucha claridad. Sin pensar al enemigo no hay posibilidad de hacer política. Lo primero que uno tiene que saber es contra quién uno pelea, sobre todo cuando es de un país del Sur, que ha sido a través de los siglos utilizado como territorio proveedor de materia prima, de bienes naturales, de mano de obra esclava o de mano de obra barata, para los intereses de los que en el Norte se han enriquecido, han construido palacios, han construido opulencia, a través de la opresión del resto de los pueblos del mundo. Cuando uno nació en los pueblos oprimidos del mundo, tiene que definir claramente cuál es su enemigo, porque decir “no hay enemigo, la Argentina no tiene hipótesis de conflicto” es no sólo de una ingenuidad terrible, sino que es de una escandalosa estupidez, donde nosotros tenemos que identificar al enemigo; y repito, no para odiarlo, porque el que odia pierde, se obnubila y no comprende. Es más, muchas veces comprender al enemigo nos enseña más que el que se dice amigo. Entonces: nosotros le hemos visto la cara al enemigo, hemos tenido la oportunidad de verlo avanzar sobre las colinas de Malvinas, de disparar sobre ellos, de recibir sus disparos, de recoger a los amigos heridos, o muertos por la bala enemiga. No fue un aprendizaje de biblioteca, no fue una cuestión intelectualizada; después tuvimos que intelectualizarlo, pero nosotros le vimos la cara.

FMR: ¿Y qué papel cumple la guerra en este aspecto?

CT: Todas las guerras son malditas porque de alguna manera llevan vidas, mueren amigos, muere un poquito de uno mismo. Sin embargo también es una “bendita guerra” en el sentido del aprendizaje que nos tiene que dejar. Nosotros tenemos que mirarnos en el espejo de ese acontecimiento para comprender el presente y sobre todo para pensar el futuro. Todavía nos siguen diciendo que son amigos los que son enemigos, y con ese chamuyo y con ese verso nos han endeudado con aquellos mismos sectores que son con los que nosotros hace 38 años peleamos y nos tiroteamos en una guerra durante 74 días. Entonces, esas lecciones tienen que ser grabadas a fuego en el sentimiento de las nuevas generaciones para saber contra quién tenemos que pelear, pero no con odio, sino con sabiduría, con conocimiento de quién es. Es tan importante definir al enemigo como elegir al amigo, y a quién se defiende y contra quién se pelea. Si no lo sabemos, estamos confundidos, no sabemos dónde estamos parados, y gana el enemigo. Nosotros valoramos la paz, amamos la paz, y creemos que es algo que se gana luchando todos los días; no es gratuita ni nadie te la regala: se construye y se defiende, como la libertad. Y no hay paz permanente sin justicia, porque ésta sería la paz de los cementerios y de los pueblos esclavos. Nosotros queremos una paz de hombres y mujeres libres. Eso nos lleva a que tengamos que luchar, por eso nosotros no queremos que nos llamen “excombatientes”, somos exsoldados, porque no portamos un arma en nombre de la nación, porque ya pasó esa época para nosotros. Pero seguimos siendo combatientes de otra manera: con la palabra, con la militancia, con la construcción de conciencia, con la transmisión de nuestra experiencia, y donde todo el mundo tiene que tener esa arma de la conciencia para construir una paz con justicia.

FMR: Y los argentinos, ¿estamos solos en esto?

CT: Cada uno de los hombres y mujeres de la Argentina tiene que ser un combatiente por esta definitiva soberanía, por la justicia, por la paz definitiva, por la Patria Grande. Pero no vamos a lograr recuperar las Malvinas si creemos que con la Argentina sola lo vamos a hacer; tenemos que hacerlo reconstruyendo aquello que nuestra declaración de independencia hablaba: no se decía la Argentina, eran Las Provincias Unidas de Sudamérica, y si no volvemos a ser eso, no vamos a poder ni recuperar las Malvinas ni la Atlántida en el Antártico Sur, Brasil no va a poder conservar su amazonia, Bolivia no va a poder acceder al mar, y ninguno de nuestros pueblos va a poder conservar los bienes naturales que nos corresponden, la soberanía cultural, humana, social, política, y las mujeres no van a poder ser libres, ya que no hay mujer libre en un pueblo sometido. La liberación tiene que ser de conjunto, hombres y mujeres construyendo esa liberación, y cada uno aportando. Entonces, todo esto nos hace repensar las luchas presentes y futuras, y no queremos llevarnos a la tumba eso que aprendimos, sino que nos sentimos obligados a transmitirlo a los jóvenes, y no a odiar, sino a amar profundamente lo que somos, lo que queremos ser, lo que tenemos que ser, nuestra soberanía y nuestra independencia. No se trata de la soberanía de los territorios; el territorio sin Pueblo no es nada, es paisaje. No hay Patria sin Pueblo, y no hay Pueblo sin Patria. Un pueblo sin conciencia de patria es una masa de proveedores de esclavos que trabajan para los ricos del mundo, y una patria abstracta que está vaciada de pueblo es una topografía vacía, ¿qué le da sustancia? el pueblo.

FMR: Ahí juegan un papel importante los símbolos que nuestra Patria.

CT: Claro. Yo creo que la verdadera grieta no es entre el dispositivo neoliberal y el dispositivo del campo nacional y popular; la verdadera grieta es el pueblo frente a las élites de producción simbólica: todo lo que expresa el pueblo con respecto a Malvinas es infinito. Y es que no asocia la guerra a la dictadura, sino que la asocia a la lucha anticolonial: a los caídos no los trata como víctimas del terrorismo de estado, sino que los trata como a héroes de la nación. Son las élites de producción simbólica -la academia, los periodistas, gran parte de la dirigencia política- las que desmalvinizaron y desmalvinizan. Entonces hay una grieta: en lo que es el sentimiento popular, lo que se llama resistencia, que a pesar de treinta y ocho años sistemáticos de planificación de reducir el tema de la guerra en sus términos témporo-espaciales, de reducirla a un manotazo de ahogado de un borracho, sigue autoafirmando su identidad en una lucha anticolonial porque el pueblo quiere ser libre y emancipado, y sabe que todavía hay una tarea inconclusa de emancipación nacional; frente a las élites que suelen tomar las categorías y el pensamiento del enemigo. Con lo cual hay una resistencia popular y una malvinización que viene de abajo, y una desmalvinización que viene de arriba; eso está claro, lo tenemos estudiado y es así.

FMR: Como vos decís, la dirigencia política pareciera más cercana a las élites que al pueblo.

CT: Exacto. Hay poner el oído atento a lo que el pueblo siente. Todo aquel que se llame dirigente, no lo es porque alguien lo enviste en una representación de poder ejecutivo, legislativo, de un gremio. La representación es encarnar en la acción política lo que el pueblo siente y quiere para su destino, y lamentablemente hace mucho que esto no está siendo; y no es nada sencillo porque hay que obstruir un sistema que impide que realmente los que encarnan esos sentimientos y esos intereses populares puedan realmente penetrar la coraza del sistema, que en general ha sido un proceso de selección al revés: desde los mejores, elegimos a los peores. Porque están divorciados de esos intereses, entonces lo que hay que hacer es construir un sistema de organización popular que termine con una democracia que ni siquiera llega a cumplirse formalmente; tenemos que construir una democracia de verdad. Hay que recuperar el concepto de política, que es maravilloso: es la actividad superior del espíritu que busca el bien común; si nosotros no peleamos por el bien común, por el de toda la comunidad, y la política se reduce a la política de los profesionales, que en general hablan de cualquier cosa menos de lo que le interesa al conjunto, nosotros tenemos que recuperar la maravilla de la política que es la única arma que puede transformar la vida de nosotros mismos y de los demás. Porque es la actividad superior del espíritu que tiende al bien común, y sigue teniendo ese valor. Si decís “no, yo en política no me meto”, cagaste, porque alguien te manipuló; cuando alguien no tiene proyecto, es que es objeto del proyecto de otro. Entonces la única forma de libertad es la política, pero entendida y recuperada en este sentido profundo.

FMR: Ya que estamos hablando de la clase política, ¿qué nos podés contar de este nuevo gobierno respecto de la causa Malvinas?

CT: Alberto Fernández propone tres proyectos de ley distintos: uno es el proyecto sobre el tema pesca, central: hay una amenaza que está latente desde hace muchos años y que una nueva ley puede de alguna manera parar la voracidad británica en el Atlántico Sur con la pesca, que durante estos años de posguerra nos han depredado nuestros mares y se han enriquecido. Quizás la ley no pueda lograr esto, pero sí sirva para que podamos sentar las bases de una nueva política de estado; hay que derogar el acuerdo de las llamadas OROP, que es la pretensión Gran Bretaña de constituirse estado ribereño en el Atlántico Sur, cuando en realidad es estado usurpador, y toda la pesca y la riqueza ictícola le pertenece a la Argentina y a América Latina. Entonces es importante el debate sobre una nueva ley de pesca que traduzca esto, porque en sucesivos gobiernos, sobre todo Menem y Macri, le han dado vía libre a los británicos para enriquecerse con la zona del Atlántico Sur, que nos pertenece.

Luego hay un anuncio de un consejo, de académicos, profesionales, especialistas y exsoldados combatientes y organizaciones de todo el país para debatir; con eso pueden ocurrir dos cosas: por un lado lo que decía Perón, que es “armar una comisión para que no pase nada, o que realmente haya una apertura sincera a que todos los sectores que tenemos algo que expresar respecto de esta causa que tiene jerarquía constitucional podamos dar un aporte, y esas voces sean escuchadas. Nosotros vamos a apostar a que sea esto último. Y desde el observatorio Malvinas y de distintas redes académicas y de organizaciones comunitarias que representamos en la causa Malvinas vamos a hacer los mayores aportes. Todo está en un proceso de construcción, y depende de la seriedad con que lo encaremos.

Y la otra cuestión es la modificación del mapa argentino, para incluir aquellos territorios que se han ampliado, sobre todo en nuestro mar y en nuestra plataforma continental, a partir de la presentación de la extensión de las 150 millas. Esto es bueno, porque los mapas en sí no transforman la realidad pero sí nos dan un marco de referencia, son un sistema de poder. El mapa actual de la República Argentina, el Lambert, si uno lo despliega completamente y abarca la Antártida, tiene su centro a la altura de Ushuaia o de Malvinas; y pensar este nuevo espacio, con estas imágenes e ir metiéndolo, nos da la idea de la inmensa tarea que tenemos para conservar esos territorios, para que las riquezas que anidan allí, que incluso su biodiversidad está inexplorada, las disfruten nuestros nietos y nuestros bisnietos en el futuro, o de lo contrario sean depredados por las grandes corporaciones transnacionales. Y para eso nosotros ese mapa lo debemos fijar en nuestra cabeza, para saber que somos una nación bicontinental, ya no somos americanos nada más, somos americano-antárticos; y eso demanda un espíritu tan generoso, de miras tan amplias, que demanda también una correspondencia espiritual.

FMR: ¿De qué se trata esta correspondencia espiritual?

CT: De que nosotros no podemos quedarnos con las víctimas, necesitamos mirarnos al espejo de los héroes: ¿qué es un héroe? No es un ser extraordinario, simplemente el héroe encarna la virtud, y la suprema virtud en nuestra cultura es dar la vida por los hermanos. En Malvinas tenemos muchos compañeros que dieron la vida por todos nosotros; y también, dar la vida no es simplemente cazar un fierro y disparar, es ponerse al servicio del prójimo, de nuestros hermanos, nuestra comunidad, nuestro pueblo. Hay mucha gente que da la vida todos los días por sus hermanos y sus hermanas, que se brinda con amor, y eso es heroicidad y épica también. Y sin esa épica no salimos, porque un pueblo no puede tener un seno, como fundamento cultural, el individualismo y el consumismo; un pueblo para ser grande tiene que tener un espíritu de generosidad, entrega, y de amor hacia su prójimo, y eso es heroicidad. Entonces, para completar ese paisaje, ese enorme territorio que es físico pero también espiritual, como decía Rodolfo Kush: “la cultura de un pueblo siempre está anidada en un paisaje y un territorio, y hay una imposible disociación entre el ser, el estar y el hacer”. Bueno, nosotros tenemos que reconstruir eso.

FMR: Para cerrar, ¿podrías profundizar en el sentido de recuperar y construir tanto espiritualidad como heroicidad?

CT: Esa es una pelea que vale la pena dar para ser nosotros mismos lo que queremos ser, y eso se hace cuando uno tiene horizontes grandes tanto en el mapa como adentro del espíritu de cada uno. Todos tenemos una tarea de construcción de amor, que es en conjunto, y ojalá nunca más haya violencia y haya guerra, porque nosotros no somos cultores de la violencia, al contrario, la violencia es la que impone el enemigo. Pero eso sí, somos grandes cultores de seguir luchando, con todo nuestro espíritu y toda nuestra alma, por la emancipación. Y Malvinas lo más importante que tiene es el hecho de que nosotros podemos luchar por nuestra libertad, independencia y soberanía; podemos tener unidad en la diversidad, somos todos distintos pero somos parte de un mismo proyecto de patria y de comunidad; y también pensar que la patria no es la patria chica que nos cercenaron en función del proyecto ingles los Sarmiento, Mitre, y la oligarquía porteña agropecuaria, sino que la patria es una cosa mucho más vasta, tiene un carácter multígeno como decía Scalabrini Ortiz, o sea, nosotros no somos europeos, somos otra cosa, un pueblo mestizo, y somos una cosa nueva en el mundo. Y tenemos que reafirmar ese ser, estar orgullosos de él, porque de la diversidad y la mezcla sale lo mejor; el sueño de los pueblos puros no existe, todos estamos mezclados, y gracias a dios nosotros tenemos una mezcla maravillosa, y somos indios, negros, blancos, mestizos, somos de todos los colores. Y eso tuvo una especial valoración con la guerra de Malvinas, cuando vimos que la solidaridad no partía de Europa o de los pueblos de Occidente sino que partía de América Latina o del sur del mundo. Son lecciones que no debemos olvidar, que debemos transmitir, que debemos aprovechar y conocer en profundidad, y son lecciones que lamentablemente se dan en los procesos extremos como son las guerras. Ojalá no haya más violencia, pero sí tenemos que aprender esas lecciones para ser y para reautoafirmarnos como lo que queremos ser: hombres y mujeres libres que construyan una comunidad solidaria, justa y pacífica, pero donde impere la justicia.

 

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