LA ORGANIZACIÓN POPULAR: EL ÚNICO FUTURO POSIBLE. Una reflexión en el día de #SanCayetano

[FM Riachuelo, 07/08/2020] La pandemia no sólo realzó las desigualdades preexistentes a ésta, sino que aceleró a escala planetaria la profundización de un sistema: los ricos se enriquecen, y los pobres se empobrecen. Mientras las nuevas tecnologías globalizadas y el armamento comunicacional, productor de sentidos, bombardean con un ruido ensordecedor toda la información, volviendo a la población cada vez más sensible a la desinformación, la confusión, la mentira y la tergiversación. ¿Qué le queda, entonces, a un pueblo explotado, manipulado y excluido?

En los últimos meses, en los territorios populares, se han potenciado los valores más nobles: la solidaridad brotó en los barrios y las ollas populares se convirtieron en la principal herramienta de guerra contra la desigualdad, la miseria y la exclusión, impulsadas por la certeza de que nadie se salva solo, que todxs nos salvamos en comunidad. Pero el enemigo de los pueblos no hace cuarentena: el poder fáctico imperial también potenció sus armas, por eso la precarización laboral continúa siendo un hecho cotidiano. La tendencia al “descarte social”, denunciado por el Papa Francisco, se fortalece mientras la “llegada tarde” de un Estado asediado por el poder fáctico, y devastado por el historial neoliberal, se vuelve una regla del cotidiano.

El sistema de consumismo para algunos, y muerte para las mayorías, de los “adoradores del Dios Dinero” demuestra en todo el continente que no importa cuántas pandemias atravesemos: su prioridad siempre será salvarse a sí mismo. El capitalismo “serio”, del que a veces se habla, no propone ninguna solución que no suponga el sacrificio del pueblo trabajador.

Pero aunque el panorama se vea desalentador –porque, como decía Jauretche, “el arte de nuestros enemigos es desmoralizar y entristecer a los pueblos”–, hay algo que se palpa amorosamente en la organización popular: el hecho de vivir. No vivir en el sentido de “respirar” o “existir”, sino vivir en el sentido de hacer. Vivir es hacer. No hacer nada, en este momento más que nunca, es estar muerto en vida. Porque, si bien lxs más perjudicadxs del capitalismo son lxs marginadxs y excluidos, la propuesta de estar “adentro” no resulta muy alentadora: las opciones son la explotación y la precarización, o la ilusión anestesiante de tener más cosas materiales de las necesarias, y aun así no ser feliz, porque la felicidad sólo se alcanza en comunidad.

Por eso no es casualidad que el origen de la actual organización popular –o por lo menos de aquella que puede elaborar una perspectiva diferente de la hegemónica– provenga del sector que fue y sigue siendo el blanco de las políticas del descarte: despojadxs de todo derecho y de todo material, revivieron y reviven diariamente el sentimiento comunitario que históricamente intenta arrebatarles el enemigo conquistador y saqueador, pero que nunca olvidaron los pueblos originarios de Nuestra América. Y por este motivo es que este sistema, si bien los excluye, no los ignora: los quiere muertos, porque son la expresión de su inevitable final.

A quienes sólo se les propone la muerte, crean vida desde la solidaridad y lo colectivo: si antes lo que se encontraba dentro de la organización popular era un rayito de esperanza, ahora lo único que se encuentra fuera de la organización popular es la pérdida de una vida libre y digna. Poco a poco, se va dando vuelta la tortilla, y esto sólo es posible con un pueblo organizado, construyendo hoy un mundo, diferente y posible, donde primen los valores de la unidad, la solidaridad, la justicia social y la organización comunitaria sembrados, cuidados y cosechados con nuestras propias manos. No relajarse y defender lo conquistado también es la tarea.

Es necesario seguir fortaleciendo, más y más, la organización popular y el sentido comunitario. Es necesario reclutar y salvar a nuestrxs hermanxs explotadxs y manipuladxs por este sistema. Es necesario forjar una dirigencia a la altura de las circunstancias que, como lo hacen sus bases, den ejemplo de unidad y no se dejen encandilar por las luces y marquesinas retardatarias de la desunión. Sólo un pueblo unido derrotará a un capitalismo que se dirige a la destrucción de los pueblos. Sólo el pueblo, salvará al pueblo.

 

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