MONTAÑISTA RESCATADA POR INDÍGENAS EN SU TERRITORIO ANCESTRAL

[OPINOA – UNDAV – FM Riachuelo*, 1/9/2020] Víctor Cruz es cacique de la comunidad ancestral Inkawasi que pertenece al pueblo Tastil, ubicado en Rosario de Lerma, al costado de la Ruta Nacional 51, y a lo largo y ancho de la quebrada en la provincia de Salta. La mañana del miércoles del 19 de agosto recibió un llamado de la comisión de emergencia de Campo Quijano, a la cual también pertenece y en donde realiza tareas solidarias, para sumarse a la búsqueda de la Analía Ibáñez, quien llevaba tres noches perdida en la zona de altas montañas a más de 3.900 metros de altura sobre el nivel del mar.

Sin dudarlo, se subió al helicóptero de Aviación Civil de la provincia para guiar a los rescatistas por el territorio indígena del pueblo Tastil, ubicado en la Quebrada del Toro. Dió las indicaciones para sobrevolar la zona de altos cerros:  Las Cabras, Cerro Candado y Chaquetal, lugar en donde descendió y continuó a pie. Con temperaturas de quince grados bajo cero, y sin la protección adecuada para enfrentar las condiciones climáticas, Víctor logró encontrar a Analía.

“Después de caminar algunas horas por los filos de las montañas y atravesar una cascada, la vi, y lo primero que hice fue abrazarla fuerte, darle fuerzas. Ella estaba muy débil, desorientada y deshidratada. Yo me había quedado sin batería en la radio y no podía dar aviso inmediato a los otros rescatistas, entonces mientras revoleaba con mi mano una campera, pegué un gran sapucay, y así pude avisar que la había localizado.  Fue un momento maravilloso, lloré de la alegría de haberla encontrado con vida” recordó Víctor.

Enseguida llegaron al lugar tres rescatistas, también Martín Padilla y Patricio Cruz de la comunidad El Gólgota, perteneciente al pueblo Tastil, que, junto con Víctor, y después de esperar más de una hora por una camilla rígida para sacar a Analía, decidieron improvisarla. Caía la tarde y la neblina los encerraba cada vez más. “Armamos las mochilas, colocamos unos bastones por entremedio de ellas y todo eso lo pusimos adentro de una bolsa de dormir, todo atadito con piolas para poder sacarla de la manera más segura posible” contó el cacique.

Cuando parecía que el rescate llegaba a su fin, los tres comuneros se encontraron con la parte más difícil de resolver. Debían bajar con la montañista hasta donde estaban los médicos, enfermeros, bomberos y gendarmes, pero no pudieron hacerlo porque para aquellas horas (eran las cuatro de la tarde), el terreno se había vuelto muy peligroso para el descenso. El suelo estaba cada vez más húmedo y resbaladizo. Las horas pasaban y Analía llevaba más de 72 soportando bajas temperaturas, sin agua y sin comida. Los indígenas de Inkawasi no tenían alimentos y el frío se hacía sentir, entonces decidieron subir hasta la cima del cerro, atravesando los senderos llenos de espinosos Churquis que les ofrecía la Pachamama.

Allí, en la cumbre de alta montaña a las 17 hs. un helicóptero sanitario debía esperarlos para llevar de urgencia hasta un hospital a la profesora. Pero esto tampoco ocurrió, los fuertes vientos y la poca visibilidad impidieron que la unidad de traslado aterrice. Mientras tanto, un grupo de médicos y rescatistas emprendían el ascenso. Víctor, Martín y Patricio, junto con Analía, seguían subiendo sin saber que en la cima nadie los esperaba. La noche los empezaba a abrazar, casi congelándolos y con un aire completamente pesado. Cerca de las 22hs y con muy pocas fuerzas llegaron hasta aquel solitario punto de encuentro.

“Cuando llegamos a la punta del cerro llamamos por la radio de los rescatistas que se habían unido a nosotros a mitad de camino, y ahí pudimos enterarnos que un grupo de personas estaba ascendiendo con carpas, camillas, linternas, víveres y elementos para calentarnos. Nos turnamos un ratito por parejas para descansar, pero Analía empeoraba. Le subía y bajaba la presión continuamente. Estaba golpeada en la cabeza y en las piernas. Desvariaba. No podíamos quedarnos ni un minuto más allí. Entre todos decidimos que lo mejor sería bajarla de inmediato. Ese momento también fue dramático, mis hermanos y yo estábamos muertos de cansancio, y en mi caso tuve que bajar algunos tramos de rodillas, porque me había golpeado en el ascenso y ya casi no podía apoyar uno de mis pies. Así fue como emprendimos el descenso final. Ya eran las tres de la mañana cuando pudimos ver que más de doscientas personas nos esperaban allá abajo, y finalmente Analía fue trasladada hasta un centro de salud de la ciudad” contó Víctor.

La comunidad de Inkawasi está conformada por 48 familias que, según ellos, viven en el paraíso y el infierno al mismo tiempo, haciendo referencia a las zonas que conforman sus tierras:  una árida y desértica, y la otra fértil y llena de vegetación. Se mantienen del ganado y de la siembra: papas andinas, arvejas, choclos, capria. Realizan trueques con artesanías confeccionadas por ellos como aperos, peleros, pellones, riendas, matices y guardamontes. Además, participan del turismo rural comunitario, que ofrece el servicio de almuerzos y caminatas para mostrar los sitios sagrados ancestrales. Cabe remarcar que muchas empresas turísticas y actividades como el motociclismo a cielo abierto -enduro-, a lo largo del tiempo se han adueñado de territorios y circuitos sin pedir permiso, invadiendo y saqueando las tierras originarias, y alterando el medio ambiente natural.

En este sentido es importante destacar que el pueblo Tastil articula con organizaciones de otros pueblos a través de OPINOA – Organizaciones de Pueblos Indígenas del NOA-, cuyo objetivo principal es que se apruebe el proyecto de Ley de Propiedad Comunitaria Indígena, presentada  en el Congreso de la Nación, y en donde propone, a partir del diálogo constructivo, un espacio de interculturalidad para garantizar el buen vivir no solo de los pueblos indígenas, sino también de toda la humanidad , y de esta manera terminar con el avasallamiento de tierras, territorios y violación de los derechos propios indígenas.

 

 

* Esta nota forma parte de una serie de crónicas producto de la articulación entre OPINOA (Organizaciones de los Pueblos Indígenas del NorOeste Argentino), la UNDAV (Universidad Nacional de Avellaneda) como parte de la RIEDAI (Red Intercultural de Equipos de Acompañamiento Indígena), y la FM Riachuelo. Esta producción en unidad busca dar a conocer las realidades que se viven en los territorios ancestrales de primera fuente con las comunidades indígenas como protagonistas.

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