«NUESTROS PUEBLOS ESTÁN DANDO BATALLA Y VICTORIA» #EntrevistaRiachuelo a Lito Borello (Parte II)

[FM Riachuelo, 13/11/2020] Desde lo doméstico hasta lo internacional, en las últimas semanas tuvieron lugar numerosos sucesos que cambiaron el escenario político, y que obligan a repensar la perspectiva para los movimientos populares en nuestro país: a nivel regional, se produjeron batallas en el campo popular que, a pesar de ser difíciles, dieron lugar a importantes conquistas; el pueblo boliviano recuperó la democracia y el pueblo chileno conquistó la posibilidad de reformar la constitución que data de la dictadura de Pinochet. En Estados Unidos, luego de diversas especulaciones y la resistencia de Trump a ceder el poder, finalmente habrá un cambio de gobierno. Por otro lado, a nivel nacional, en AMBA se pasó del Aislamiento Social al Distanciamiento Social, mientras que otras provincias continúan en condiciones preocupantes.

En este contexto complejo, desde FM Riachuelo decidimos entrevistar a Lito Borello, Secretario de Derechos Humanos de la UTEP, teniendo en cuenta que lxs trabajadorxs de la economía popular encarnan a uno de los sujetos más golpeados durante la pandemia, para realizar un balance acerca de todo lo logrado hasta el momento, los desafíos actuales y los que nos esperan a futuro. A continuación, compartimos la segunda parte de la entrevista. Si no llegaste a leer la primera, hacé clic acá.

FM Riachuelo: En cuanto a los procesos que se dieron y se siguen dando en Bolivia y Chile, ¿qué reflexión te disparan, teniendo en cuenta el protagonismo popular?

Lito Borello: Yo creo que la batalla comunicacional, al contar el enemigo con una batería multimediática al servicio de construir contenidos y sentidos, muchas veces nos confunde a nosotros mismos, en donde tenemos la lectura e que hay una contraofensiva global, un momento difícil y adverso, donde claramente el bloque de poder mundial intenta detener los procesos de transformación, los revolucionarios y la construcción de otro mundo posible. Y a veces nosotros mismos caemos en esa situación subjetiva de sentir “bueno, vayamos haciendo lo posible”.

La verdad es que nuestros pueblos están dando batalla y victoria. Si hay algo que hace Bolivia después de un año de haber sufrido un claro golpe de Estado, ya no un golpe blando sino uno con muchos ribetes de violencia e instituciones violentas, armadas al modo tradicional, es ponerse de pie. En un año se ha reorganizado desde la base, con su dirigente principal afuera del país, ha recuperado la vitalidad, el protagonismo y la participación de inmensas mayorías, y han generado una batalla y una victoria en estas últimas elecciones. Por supuesto que es de celebrar, y que ahora viene el desafío: qué va a hacer el gobierno, cómo van a hacer, como ellos mismos dicen, un proceso de autocrítica de las cosas que no hicieron, de algunas cosas que no fueron capaces de ver, de algunas capacidades que no fueron posibles construir, para evitar la embestida nuevamente. Porque la derecha y el poder factico se fueron de la casa de gobierno; no se fueron del país y siguen teniendo en sus manos muchísimo poder. Y el financiamiento, obviamente, de Estados Unidos, que como todo el mundo sabe, en la participación del golpe metió mano.

Abre una perspectiva muy grande: todos miramos a Bolivia con mucha expectativa, todos la sentimos como parte de nuestra región, y cada vez más es necesario retomar el curso de una Latinoamérica unida, un proyecto emancipador que retome las banderas de San Martín y de Bolívar. Por lo tanto, Bolivia genera un fenómeno de triunfo, de victoria y celebración, independientemente de los matices en los análisis, está claro que se abre la posibilidad de retomar el curso de un tiempo emancipador, y que se une con lo de Chile, que también se crece desde el pie, y retoma un vigor en las calles, una democracia directa y de calles, participativa y protagónica, que logra tirar abajo lo que la política no logró en estos años, tirar abajo la constitución de Pinochet, y que se le abre la posibilidad de ahora ir a un proceso mucho más profundo, a que la nueva constitución sea llevada adelante con una asamblea constituyente, con el protagonismo masivo de la gente. Y ese es el debate también de esta crisis de democracias: estas democracias que conocidos durante estas últimas décadas están agotadas. Hay que perforar el techo de las democracias representativas, que solamente nos dejan votar cada cuatro años, y hay que ir hacia el ejercicio de democracias mucho más directas, protagónicas y participativas.

FMR: Sobre estas batallas ganadas que mencionas, ¿qué elementos son necesarios para que éstas se consoliden, y el pueblo tome una ofensiva regional?

LB: Nosotros venimos diciendo que, tal cual lo conocemos estas últimas décadas, el poder constituido de los gobiernos, en tanto ya el poder global no necesita el poder de los estados nación, marcha a una volatilización de esa institucionalidad, con procesos destituyentes y disolventes, y con la generación de situaciones de zozobra, propiciando revoluciones de colores, como la impulsan en muchos lugares los Estados Unidos. Contra eso: poder popular. Contra ese poder constituido que ya no le alcanza la aritmética parlamentaria, ni la de los concejales en los municipios, ni esa institucionalidad muy volátil, donde cada vez queda más claro que el poder está en otro lado, y que sigue decidiendo todos los días desde el poder fáctico, económico, multimediático, financiero, de relaciones internacionales, hasta de construcción de instrumentos de violencia directa de nuevo tipo, como el narcotráfico y el delito organizado. Contra eso hay que ir construyendo poder popular. ¿Qué es el poder popular? La posibilidad de la organización de nuestros territorios, con otra geometría del poder, con un nivel de autonomía, de posibilidad de organizar la reproducción de la vida, con una arquitectura alternativa para saber que la construcción del otro mundo posible no es cuando tiramos abajo el viejo; todos los días, cuando nuestras compañeras revuelven la olla en la olla popular y se relacionan con sus compañeras, cuando en las huertas comunitarias los compañeros no solamente siembran para poder comer mejor sino que se preparan para poder seguir sembrando y para poder darle a otros compañeros que también puedan sembrar, cuando las cooperativas de trabajo construyen no solamente casas, sino hábitat popular, se está construyendo alternativa. Y esa acumulación de la alternativa es la que va a ir generando la condición de posibilidad, la masa crítica necesaria, la acumulación de fuerza necesaria, para en algún momento dar vuelta la tortilla. Hay que recuperar las utopías, hay que reafirmar las rebeldías y hay que construir las próximas insurgencias.

FMR: Mencionaste a Estados Unidos, ¿cómo ves sus elecciones, donde aparentemente ganó Biden, y en qué impacta a nuestra región?

LB: Yo creo que a veces, en el ánimo de analizar las contradicciones secundarias del bloque de poder, le damos demasiada relevancia a lo que pasa en esa pelea. Hoy claramente Estados Unidos dejó de ser el mundo unipolar, y su crisis hace que naturalmente vaya dejando de ser ese mundo, que desde los ’90 detentó, y empieza a haber un mundo tripolar en donde claramente Estados Unidos, China y Rusia dirimen a ver quién va a ser el que lleve adelante el dominio del nuevo modelo de dominación. Y me parece que a veces se le pone demasiada carga por si gana el uno o el otro, por distintas diferencias, a veces difíciles de explicar. y la verdad, es el mismo perro, pero con distinto collar. Los Estados Unidos nos van a seguir mirando a nosotros como su patio trasero y como su periferia, para venir a extraer todo lo que nosotros tenemos y que ellos necesitan para seguir disputando su hegemonía. Nos van a seguir mirando desde un lugar desde allá arriba, y nosotros estamos ya cansados de esto. Estamos dispuestos a que nunca más seamos el patio trasero de nadie. Creo que como parte de toda esta crisis global y multidimensional, esto no da ni aguanta más. Los pueblos nos estamos poniendo de pie, estamos construyendo otra alternativa, y más allá de cómo se vayan dirimiendo las contradicciones secundarias, todos plantean ponernos en el lugar de la periferia y venirnos a extraer nuestras riquezas, y por lo tanto, nosotros nos tenemos que dedicar y poner nuestra energía en la construcción de la alternativa.

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